Termina guerra de EU en Afganistán e inicia guerra política en Washington

El último soldado estadunidense en dejar Afganistán, el general Chris Donahue, caminó solitariamente con su arma hacia el avión militar el cual, a un minuto antes de la medianoche hora de Kabul el pasado lunes, despegó poniendo un fin a la guerra mas larga de la historia de Estados Unidos.

El último capitulo se cerró igual como tantos durante los 20 años de la guerra estadunidense en ese país: el domingo pasado un drone estadunidense mató a nueve integrantes de una familia, incluyendo seis niños. A la vez, los cuerpos de 13 militares estadunidenses fueron trasladados de regreso en ataúdes envueltos en banderas estadunidenses el domingo, pasando por un saludo solemne del presidente y comandante en jefe Joe Biden en la Base Aérea Dover.

La guerra terminó sin gloria ni festejos – todo lo contrario, y ahora se ha convertido una guerra política en Washington. El juego político entre ambos partidos – la guerra fue un aventura bélica bipartidista – ha sido en esencia infantil – evitar asumir responsabilidad por el desastre y sobre todo no ser acusados de haber “perdido Afganistán”.

Los republicanos, con la salida desastrosa de Estados Unidos de Afganistán, ahora condenan al gobierno de Joe Biden y los demócratas por el manejo del final de la guerra, mientras que el presidente y sus aliados intentan crear una narrativa que evita la palabra “derrota” a todo costo.

Biden, en un breve mensaje desde la Casa Blanca este martes, proclamó que “la guerra en Afganistán ahora ya se acabó” y defendió a fondo se decisión, afirmando que la opción era entre “irnos o escalar” y que “yo no estaba por extender esta guerra infinita”. Reiteró que “rehusé enviar otra generaron de los hijos e hijas de Estados Unidos a una guerra que debería de haberse terminado hace mucho tiempo”.

Elogió “el éxito extraordinario” del rescate de mas de 124 mil personas evacuadas con un puente aéreo desde Kabul en las últimos dos semanas, operación sin precedente en la historia, afirmó.

Subrayó que el único interés vital de Estados Unidos en Afganistán es asegurar que ese país “nunca pueda ser usado mas para lanzar un ataque contra nuestra patria”, recordando que los atentados del 11-S por al -Qaeda se originaron ahí, y que ese objetivo se logró hace una década. Advirtió que la “amenaza del terror” se ha “metastatizado a través del mundo” y que “continuaremos la lucha contra el terrorismo en Afganistán y otros paises. Solo que no necesitamos combatir una guerra terrestre para hacerlo”, justifico.

Biden concluyó que “esta decisión sobre Afganistan no se trata de solo Afganistan. Es sobre poner fin a la era de operaciones militares mayores para rehacer a otros paises”.

Pero no hay manera de ignorar que una guerra que empezó con el objetivo explícito de expulsar del poder al Talibán y que acaba dos décadas después con el retorno del Talibán al poder es por definición una derrota, una que fue pronosticada por ese “enemigo” que gozaba decir “ustedes tienen los relojes, nosotros tenemos el tiempo”.

Una derrota muy cara en costos humanos y financieros para Estados Unidos. La guerra costo la vida de dos mil 461 militares estadunidenses, fueron heridos otros 20 mil – muchos de los cuales necesitaran asistencia medica y sicológica el resto de sus vidas. Otros tres mil 846 contratistas privados estadunidenses perdieron sus vidas.

Se calcula que el costo financiero directo de la guerra fue de 2.3 billones de dólares, pero eso no incluye costos de intereses sobre esos fondos, ni el gasto sobre el cuidado de veteranos heridos.

Ni hablar de los costos para los afganos: mas de 47 mil civiles muertos, mas de 66 mil militares y policías afganos que perecieron.

En total, según cálculos del Watson Institute de la Universidad Brown, 241 mil personas murieron como resultado directo de la guerra en Afganistán [[https://watson.brown.edu/costsofwar/figures/2021/human-and-budgetary-costs-date-us-war-afghanistan-2001-2022].

No todos perdieron. Las cinco empresas de armamentos más grandes de Estados Unidos recibieron más de 2 billones de dólares en fondos públicos durante el periodo de la guerra en Afganistán (no todo para esa guerra, pero con ese trasfondo).

Ahora, después de años en que la guerra “forever” frecuentemente ya no se registraba en las primeras planas, ha empezado el ejercicio intenso y el debate sobre que paso, como pasó, quién sabía que, y quién es responsable.

Eso no es tan fácil: como en toda guerra, la mentira fue rey. “Por dos décadas, estadunidenses se han dicho una mentira tras otra sobre la guerra en Afganistán. Las mentiras han provenido de la Casa Blanca, el Congreso, el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA, como tambien de Hollywood, expertos… periodistas”, escribió el periodista veterano James Risen en The Intercept.

A fines de 2019, una investigación del Washington Post reveló en base de documentos oficiales confidenciales que altos funcionarios del gobierno “fallaron en decir la verdad” sobre la guerra en Afganistán a través de los 18 año de ese guerra, ofreciendo proclamaciones optimistas que sabían eran falsas y “escondiendo evidencia inequívoca de que la guerra no era ganable” [https://www.washingtonpost.com/graphics/2019/investigations/afghanistan-papers/afghanistan-war-confidential-documents/].

Uno de los citados en esos documentos fue Douglas Lute, general encargado de esa guerra en la Casa Blanca durante los gobiernos de Bush y parte de el de Obama, quien afirmó en una entrevista oficial confidencial en el 2015 que “no contábamos con un entendimiento fundamental de Afganistán – no sabíamos lo que estábamos haciendo”.

La guerra fue apoyada de manera bipartidista desde su inicio (una sola diputada disidente en la cámara baja, Barbara Lee, voto en contra de esa guerra), que aunque fue lanzada por el republicano George W. Bush el 7 de octubre de 2001, esta fue dramáticamente ampliada por el presidente democrata, y Premio Nobel de la Paz, Barack Obama a partir de 2008, continuada de manera incoherente por el republicano Donald Trump, y ahora concluida por el democrata Biden – quien la apoyó como senador y después vicepresidente.

Muchos entre los 80 mil militares estadunidenses que fueron desplegados a Afganistán a lo largo de esa guerra no solo repiten una sensación de haber participado en una misión sin sentido, sino que expresan angustia y dolor por el abandono de tantos que los ayudaron, apoyaron, rescataron. Varios veteranos – junto con periodistas, trabajadores humanitarios, artistas y científicos – estaban hasta el último momento buscar maneras de salvar a sus ex-colegas y colaboradores.

“Es horrible ver esto. Pero siempre iba a suceder, y es mejor que nos fuimos ahora que en dos, o tres o en diez años. Solo espero que, esta vez, aprendamos la lección que no aprendimos en Vietnam. No tengo mucha esperanza que así sea”, comenta la veterana militar de la guerra en Afganistán Laura Jedeed en entrevista con The Guardian.

“La guerra se acabó ¡Ya basta! No más guerras… Tiempo ahora para componernos a nosotros mismos y fortalecer nuestra propia democracia y defenderla contra nuestro propio Talibán doméstico. Usen el dinero de guerra para escuelas, salud, ingreso garantizado, vivienda. Nunca más. Jamás”, tuiteo el documentalista Michael Moore.

Casi dos tercios de los estadunidenses, 62 por ciento, opinan que la guerra en Afganistán no valió la pena, según una encuesta reciente por AP-NORC.

Fuente: La Jornada

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