Todos creen en al menos una teoría de la conspiración, pero esto hace que algunos se pasen de la raya

Nadie está a salvo de las teorías de la conspiración. Ni siquiera lo está el artista español Miguel Bosé, que compartió en redes su particular lucha contra las mascarillas. Pero, como decimos, nadie está a salvo de creer en ellas. Por eso, un equipo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) ha realizado un nuevo estudio sobre este tema.

“Todo el mundo cree en al menos una teoría de la conspiración”, explica el sociólogo Asbjørn Dyrendal de la NTNU. Ni siquiera tiene por qué creérsela del todo, con “un poco”, matiza, basta. Las conspiraciones pueden ser de cualquier tipo, desde que un árbitro está comprado hasta que el coronavirus es un invento del Gobierno, pasando por que las vacunas causan autismo. “Se ve cada vez más claro que la creencia en las teorías de la conspiración es parte de la psicología humana normal y se basa en las capacidades humanas necesarias”, explican en su investigación.

Pero, ¿qué hace que algunas personas crean en conspiraciones más complicadas? Eso es lo que han tratado de desentrañar Dyrendal y su equipo.

Todos creemos en teorías de la conspiración

Estarás pensando: ¿pero creer que un árbitro está comprado es una teoría de la conspiración? Bueno, no lo es. No del todo. Sin embargo, el equipo de Dyrendal explica en un comunicado de prensa que “los mismos mecanismos entran en juego cuando los pensamientos se construyen sobre sí mismos”. “Y se convierten en creencias conspirativas más arraigadas”. Es decir, que aunque no tengan nada que ver; los mecanismos que nos llevan a los dos pensamientos son los mismos.

Pero esto no solo queda aquí. Y es que, según apuntan estos investigadores, “las personas también pueden tener grados de pensamiento conspirativo”. Obviamente existe una gran diferencia entre pensar que un árbitro está comprado y que la Tierra es plana. Y es justamente aquí donde entran los rasgos compartidos que el equipo de Dyrendal ha encontrado.

Los predictores

El estudio, añaden desde Science Alert, parece haber encontrado cuatro predictores que harían a las personas más propensas a creer en las teorías de la conspiración.

“En el estudio actual, probamos las relaciones entre un conjunto de predictores centrales validados de la creencia en las teorías de la conspiración, incluidos los rasgos esquizotípicos; las creencias paranormales, el autoritarismo de derecha, la orientación al dominio social y la mentalidad de conspiración”, explican los investigadores.

“Los hallazgos sugieren que el efecto de los rasgos esquizotípicos sobre las creencias en las teorías de la conspiración fue completamente mediado por varios factores intermedios”, explica el equipo. Es decir, que los rasgos esquizotípicos no son, por sí mismos, un predictor. De hecho, los autores explican que ningún rasgo en particular puede asegurarnos del todo que una persona va a ser un fiel creyente y defensor de las teorías de la conspiración. Sin embargo, mucho pequeños cambios en las variables estudiadas inclinarán la balanza.

Mentalidad de la conspiración, el rasgo más fuerte

Estas variables son orientación al dominio social; mentalidad de la conspiración, creencias paranormales y autoritarismo de la derecha. La relación entre ellas sería del siguiente modo:

Teorías de la conspiración
Dyrendal et al., Personality and Individual Differences, 2021

Aunque de todos estos el rasgo más fuerte fue de la mentalidad de la conspiración. Y, según señalan desde Science Alert, esto se alinea con estudios en otros países. Y es que no podemos olvidarnos de que este estudio ha sido realizado en Noruega, uno de los países con los más altos ideales igualitarios.

Otras características

Aunque cada persona es muy diferente al resto, eso no quita que se repitan ciertos patrones. De hecho hay “varias características comunes que se repiten con frecuencia”, afirma Dyrendal en el comunicado. Pero, ¿cuáles son estos rasgos compartidos por las personas que creen en ciertos tipos de teorías de la conspiración?

Hay que tener en cuenta que son características que no tienen por qué darse en todos los casos, pero sí suelen darse en las personas que tienden más a pensar en que las teorías de la conspiración existen. Además, cuantas más características se compartan, más fácil es terminar siendo una de estas personas.

En el estudio apunta a que las personas que creen en las teorías de la conspiración “tienden a tener un poco menos de educación”. Además, suelen vivir “en sociedades que tienen democracias menos exitosas, lo que influye en la confianza en los demás y en las autoridades”. Por otra parte, también influye el entorno social: “Pertenecen a grupos que sienten que deberían tener más poder e influencia“. También pueden pertenecer a “organizaciones políticas especiales o grupos religiosos un poco más a menudo”.

Y esto no acaba aquí, la lista sigue: “Utilizan más a menudo la intuición, su instinto, al tomar decisiones”. Además, “ven conexiones con más frecuencia que la mayoría de las personas, también donde tales conexiones no existen, y es más probable que vean la intención como la causa de los eventos”, añaden en el comunicado. “Son un poco más narcisistas y paranoicos que otros” y “obtienen más a menudo su información de las redes sociales”.

“Hemos notado que los teóricos de la conspiración tienen más probabilidades de encontrar sus fuentes de noticias en las redes sociales“, explica Dyrendal. Esto se debe a la facilidad de las redes sociales para crear las llamadas cámaras de eco. A pesar de esto, la culpa no es de las redes sociales en sí, ya que no hay nada que nos haga pensar que ahora hay más personas que crean en las teorías de la conspiración que antes.

Género

Desde fuera puede parecer que los hombres creen con más frecuencia en estas teorías. Sin embargo, el estudio del equipo de Dyrendal apunta en otra dirección: no hay diferencia de géneros.

“Cuando miramos una gran cantidad de diferentes teorías de conspiración, no encontramos diferencias de género confiables en las puntuaciones promedio”, indica al autor principal de este estudio. Aunque sí se ha podido observar, por ejemplo, que “las personas a las que no les gusta la igualdad y prefieren la jerarquía se ven a sí mismas y a su grupo como superiores a los demás”, indica el investigador. Por esto, “creen más en las teorías de la conspiración que tratan específicamente de los grupos externos”.

En definitiva, creer aunque sea un poquito en una teoría de la conspiración es normal. Está dentro de lo esperado. El problema es, más bien, de los que creen que Bill Gates nos controlará a todos con el chip que llevan las vacunas contra el coronavirus.

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