Sitges 2020: ‘Becky’, gore e invasión del hogar divertido pero desechable

El Festival Sitges 2020 continúa, y por tanto nuestra cobertura en Hipertextual. Como bien sabemos, este festival se distingue por ser el primero enfocado en el cine fantástico. Es por esto que encontraremos cintas y contenido en este preciado género. Es el turno de repasar lo que nos ha parecido Becky, un thriller confeccionado por Jonathan Milott y Cary Murnion.

Becky es una cinta que tiene dos grandes peculiaridades: por un lado es muy divertida de ver, y por el otro, no merece más atención que su duración. Y es que, a pesar de que resulta entretenida, incluso ingeniosa en algunos momentos, lo cierto es que se trata de una de esas películas que no tiene mucho más que ofrecernos. Es decir, que son entretenimiento puro y duro pero nada más.

Ahora bien, que una cinta mantenga la atención e incluso divierta en tiempos como estos en los que hay tanta oferta de contenido y entretenimiento, ya es mucho decir y Becky lo consigue. Primero hablaremos de sus aciertos y por último de sus grandes tropiezos.

‘Becky’: una adolescente psicópata y mucho gore

Becky horror

Si hay algo particularmente atrayente de Becky es la propia protagonista. Una adolescente enojada con la vida porque su madre murió y su padre está rehaciendo su vida. Lulu Wilson, la actriz protagonista, propone un desarrollo del personaje divertido y creíble. Mordaz cuando debe serlo y tierna también cuando se lo propone.

En Becky encontraremos una combinación extraña de Home Alone y gore de la más alta calaña. Ojos vaciados, cuerpos destruidos con motores y demás muertes horrendas las veremos sin censura y sin miramientos. Lo curioso es que es una nena de apenas 15 años quien ejecuta todas esas atrocidades con la intención de proteger a su familia.

Eso sí, más allá de esto la historia no tiene mucho más que ofrecer, es eso y ya está. Quizá la fortaleza en esta tremenda debilidad de Becky es que no pretende más. Es eso y nada más. Esto aligera nuestro tránsito por la historia de una niñita que tiene que defender a su familia hasta las últimas consecuencias.

Clichés que funcionan y un gran reparto

En Becky encontraremos una muestra de manual de lo que son las películas tipo home invasion. Así como otro elemento muy utilizado en el cine: el McGuffin. En el caso de Becky, la historia de la familia de la adolescente y su encontronazo con los malos más malos del mundo que no son otra cosa más que un grupo de presidiarios que escapan con lujo de violencia, es nada menos que una llave. Una llave que el líder de los malos busca y Becky se niega a dársela y que finalmente no sabemos para qué sirve, ni lo necesitamos, tal como sucede con este recurso del cine.

Ah, sí, porque en Becky los malos de la cinta son nada menos que unos neonazis, unos supremasistas blancos que escaparon de la cárcel y matan a muchas personas a su paso. Hasta que se dan de frente con alguien peor que todos ellos juntos: Becky.

Una de las fortalezas de Becky es su reparto. Además de la excelente protagonista nos encontramos con rostros conocidos: Kevin James, Joel McHale y Amanda Brugel. El primero, James, sobre todo nos parecerá sorprendente porque en Becky hace un papel muy distinto a la comedia. Género en donde más veces lo encontraremos. James y Wilson funcionan muy bien como contrapartes, como las dos caras de la moneda de esta historia.

Eso sí, debemos prepararnos para un largo desfile de clichés de las películas home invasion, es decir: violencia innecesaria y absurda, trampas con clavos y demás herramientas. Con todo y esto Becky es divertida y está muy bien realizada, a pesar de que su premisa se desgasta muy pronto y sabemos bien de que va todo, la dirección y la narración visual son sorprendentemente amenas y enriquecen esta cinta que tiene poco y mucho que ofrecer.

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