La alopecia femenina también existe: «Espero que la gente deje de preguntarme si tengo cáncer»

“La primera vez que supe que se me caía el pelo tenía 8 años, estaba con una amiga jugando a peinarnos”, relata Nerea, una joven de 30 años que desde hace tres ya no tiene pelo. Primero fueron pequeñas zonas del cuero cabelludo, pero con el tiempo también se le empezó a caer el pelo de las pestañas, las cejas y el resto del cuerpo. A día de hoy ya no tiene pelo. Pero Nerea no es la única, otras mujeres como Vanya, Belén o Ángeles han tenido historias muy similares.

La alopecia femenina se suele asociar con las pacientes de cáncer. Pero no es la única causa que puede hacer que una mujer se quede sin cabello. En el caso de estas cuatro mujeres con las que hemos tenido la oportunidad de hablar en Hipertextual, el sistema inmune es el causante de su alopecia. Pero, ¿qué es la alopecia femenina? ¿Cómo ha sido (y es) para estas cuatro mujeres vivir sin pelo?

¿Qué es la alopecia femenina?

Hay muchos tipos de alopecia femenina según explica Andrea Combalia, dermatóloga especialista en tricología del Hospital Clínic de Barcelona. La palabra alopecia implica una ausencia de pelo que puede ser debida a un exceso de caída, o a una ausencia de crecimiento. Hay muchas causas de pérdida de cabello en mujeres, pero todas tienen en común que afectan a la calidad de vida y la autoestima de las pacientes que la sufren. “La alopecia masculina está mucho más aceptada, pero lamentablemente, ver una mujer sin pelo todavía esta muy estigmatizado”, indica.

“Clásicamente las mujeres hemos llevado un pelo más largo, y se considera un signo de feminidad”, señala. La caída de cabello no sólo es un tema médico, sino que también tiene consecuencias a nivel psicológico, y se debería abordar de manera conjunta para ofrecer un abordaje multidisciplinar.

Una de las causas más frecuentes de alopecia, es la alopecia androgenética, la cual suele manifestarse una vez alcanzada la etapa de la menopausia, y se caracteriza por pérdida de densidad capilar en la parte alta de la cabeza y en la coronilla. Afortunadamente, en la alopecia androgenética no se llega a perder todo el pelo, no obstante, en la caída de cabello secundario al tratamiento con quimioterapia sí. Pero la alopecia secundaria a la quimioterapia no es la única causa de pérdida total de pelo.

Alopecia femenina
Asociación ‘A Pelo’

En el caso de Belén, Ángeles, Vanya y Nerea la pérdida completa de pelo es secundaria a una enfermedad autoinmune conocida como alopecia areata, que puede ocasionar la pérdida total o universal del pelo, no sólo en la cabeza, sino también de las cejas, las pestañas y el vello corporal.

“Hay que valorar muy bien cada caso para realizar un correcto diagnóstico, y aplicar un tratamiento adecuado”, comenta la doctora. No todas las alopecias son iguales y hay que valorar a cada paciente de manera individual.
Además, el tratamiento debería ser holístico y multidisciplinar. Desde la alimentación hasta el estrés afectan la caída del cabello. “Hay muchos tratamientos, diferentes soluciones para los distintos tipos de alopecia, pero es fundamental realizar un correcto diagnóstico”, señala la dermatóloga. “No es lo mismo tratar una alopecia
areata, que tiene un origen autoinmune, que una alopecia androgenética”, señala.

Sobre el estrés, Combalia señala que “es una causa muy frecuente de caída del cabello”. De hecho, el estrés secundario a la pandemia de la COVID-19, el agobio sufrido durante estos meses secundarios al encierro en casa, los problemas en el trabajo, los problemas económicos y los problemas familiares, pueden tener un impacto sobre nuestra melena.

Sea cual sea la causa, cuando hay una alopecia, hay que consultar a un dermatólogo especialista en tricología para instaurar un tratamiento lo antes posible. Cuanto antes se trata, mejores resultados se obtienen.

Pérdida de la identidad

Cuando Nerea perdió el pelo también tuvo una fuerte pérdida de su identidad. “Para mi no era solo pelo, por lo que tuve una pérdida de identidad muy importante”, explica a través del teléfono. “Necesité ir a una psicóloga y sí que ir fue lo que a mí, de forma individual, me ayudó”, explica.

A nivel psicológico la pérdida del cabello puede producir “síntomas ansioso-depresivos, baja autoestima y autoconfianza, así como puede provocar aislamiento social, incluso de la propia pareja”, tal y como explica a Hipertextual César González-Blanch, psicólogo clínico del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla

“El pelo culturalmente, en especial en las mujeres, es una parte esencial de la imagen corporal. La alopecia puede hacer sentir que se ha perdido lo que se considera una apariencia femenina normal. En este sentido, las mujeres pueden sentirse como si hubieran perdido una parte esencial de su identidad, esto puede ser especialmente acusado cuando se pierde también el pelo de cejas y pestañas”.

No hay “tratamientos psicológicos específicamente validados como eficaces para las consecuencias psicológicas de la alopecia en las mujeres”, indica González-Blanch, pero eso no quiere decir que no se pueda ayudar a estas mujeres. Al contrario: “Los psicólogos clínicos podemos aplicar algunos tratamientos psicológicos eficaces para manejar algunos problemas relacionados con la imagen corporal como la tendencia a la comparación social”. “También tenemos tratamientos para los síntomas ansioso-depresivos y la rumiación, o la ansiedad social y el temor al juicio de otros. Todo esto puede ayudar a las mujeres con alopecia”, explica.

No tiene por qué ser cáncer

Aunque la quimioterapia también puede causar la caída total de pelo, como ha comentado la doctora Combalia, no todas las mujeres sin pelo son pacientes con cáncer que han sido sometidas a quimioterapia.

De hecho, a Belén es una de las cosas que más le cuesta. “Tuve que ir a urgencias por mi hijo y me dijeron que no podía estar en el hospital porque soy de mucho riesgo”, cuenta a Hipertextual. Esto se debe a que los pacientes oncológicos son grupo de riesgo para la COVID-19, de ahí el comentario que le hicieron. ¿El problema? Que ella no tiene cáncer.

“En el ámbito sanitario es donde peor lo llevo porque deberían saber que la alopecia femenina no solo la causa el cáncer“. Además cuenta que no le importa explicárselo a otras personas de la calle, pero a los sanitarios “muchas veces paso de contestarles”, comenta.

En el caso de Nerea, es en la calle donde más le preguntan cómo lleva el tratamiento para el cáncer. “Se me acercan personas que no conozco de absolutamente nada a preguntarme que cómo llevo el tratamiento de cáncer, cosa que es bastante invasiva y espero que la gente deje de hacerlo ya”, comenta.

¿Peluca o ‘a pelo’?

Cada mujer es un mundo, por eso mismo cada una ha tomado diferentes decisiones para sentirse cómoda con su alopecia. Algunas se deciden por llevar peluca y otras prefieren ir a pelo. A veces, para evitar el frío o el sol, se ponen gorras o pañuelos.

En el caso de Vanya, de 41 años, va con peluca. Aunque cada vez se siente más cómoda a ir sin peluca. Todo depende de la situación. Por ejemplo, durante el confinamiento o el verano se decide a ir con solo una gorra. “Cada vez estoy más cómoda sin nada”, cuenta.

Vanya se quedó sin pelo a los 11: “Empecé a tener clapas con 8 años, pero a los 11, en un mes, se me cayó todo el pelo”. Sus padres lo intentaron todo durante dos años (incluso cayeron en estafas) y no tuvieron suerte. Pero sí consiguieron que su hija tuviera una peluca: “No existían tiendas de pelucas, me acuerdo muy bien que mis padres fueron a hablar con la peluquera de la Ópera Nacional de Bulgaria, en Sofía, de dónde soy. Ella me hizo mi primera peluca”, cuenta desde el otro lado del teléfono. Aún con peluca, para Vanya fue “superduro”. “No quería salir, solo llorar. No quería ir al colegio cuando hacía viento o lluvia porque no me sentía segura”.

En el caso de Belén (58 años), al principio cuando se quedó sin pelo iba con peluca por los demás, pero en muchas ocasiones hasta se le olvidaba: “A veces bajaba a la calle y decía, ostras, la peluca. Así que cuando se habituaron en casa empecé a ir sin nada”, comenta. “Cuando mis hijos adolescentes subían a casa con amigos primero llamaban al timbre y me decían mamá, subimos para que yo me pusiera la peluca”, cuenta desde el otro lado del teléfono. “Por ellos durante un tiempo fui combinando”.

Sin embargo, aunque en ocasiones lleva pelucas, suele gustarle más ir a pelo. “Me daba igual ponerme una peluca naranja y al día siguiente la melena larga y rubia, y si no me decían nada es que estaban peor que yo. Si al principio no me decían nada, mala señal porque no lo llevaban bien ellos“, dice entre risas Belén.

“Mi historia con el sistema inmune ha sido a lo largo de toda mi vida”, cuenta a Hipertextual Belén. “Me quedé calva hace ocho años, pero descubrí la primera calva a los 17 años en un examen de latín. Me gustaba poco el latín, pero no tanto como para que se me cayera el pelo por los nervios”, comenta. “A mi el sistema inmune me dio otros problemas, tanto en la piel como a nivel interno. Mi primer problema fue el vitíligo, que como lo tenía en la cara no lo podía ocultar como una clapa en la nuca que sí podía ocultar con el cabello”, comenta Belén. “Como ya había tenido que pasar el periplo de médicos, tratamientos y el tema psicológico de la estética con la piel, cuando me llegó la caída más fuerte del pelo yo ya tenía callo“, comenta Belén.

Alopecia femenina
Asociación ‘A Pelo’

Ángeles, de 48 años, también ha estado desde pequeña sufriendo la alopecia areata. “Mi experiencia ha sido desde muy pequeña y recuerdo desde pequeñita tener muy poquito pelo”, cuenta a través del teléfono. Por ejemplo, en la foto de la comunión va con “el típico casquete que se llevaba antes, que era un flequillo tipo Cleopatra”, comenta. “Pero por la zona de atrás de la cabeza no tenía pelo“, matiza. A los 12 años ya llevaba peluca “y desde entonces me recuerdo siempre con peluca”, apunta.

Aún hoy la lleva porque trabaja de cara al público, comenta. Pero gracias a conocer a otras mujeres como ella en la asociación A Pelo, los fines de semana se olvida de ella: “Desde abril de 2019, cuando conocí la asociación A pelo, me animé a no llevarla el fin de semana. Ahora salgo sin peluca de casa, que antes me costaba mucho y no lo hacía”, comenta con una sonrisa. “Me he sentido bastante apoyada al ver que hay más gente, el ver que otras también van a pelo y no llevan peluca… Ha sido un buen paso el quitármela, al menos para mí”, cuenta.

Nerea, por su parte, estuvo mucho tiempo obsesionada con cómo ocultarse las clapas. “Era algo que me impedía muchas veces estar tranquila conmigo misma, con mi cuerpo y es algo que fui arrastrando durante muchos años. Incluso cuando iba al médico me decían ‘qué bien te escondes las clapas’”, explica. “Yo tenía que ser normativa ante la sociedad”, afirma.

“Hace tres años que se me cayó todo el pelo y he pasado por muchas fases. No puedo decir que tampoco esté bien, porque no tener pelo y ser mujer en esta sociedad es bastante duro. Pero sí lo vivo de una forma diferente. Antes tenía una obsesión de esconderlo, ahora ya no hay forma de esconderlo. He decidido llevar un pañuelo, no quiero llevar peluca. Esta soy yo, lo que ves es lo que hay. Es verdad que sufres porque ya no eres normativa en un mundo en el que una mujer tiene que ser preciosa, tener pelo, unas medidas determinadas y ser de una manera exacta. Y aunque ya no entro dentro de la normatividad, me siento liberada de alguna forma”.

Conocer a otras mujeres con alopecia femenina

Para Vanya y Ángeles conocer a otras mujeres con alopecia ha sido una ayuda muy importante a la hora de aceptarse a sí mismas. Las dos junto con Belén forman parte de la asociación A Pelo, que solía reunirse todos los meses antes de la COVID-19. “Conocer a otras mujeres, como en la asociación A Pelo, está muy bien porque realmente cada una tiene un proceso. Hay gente que lo lleva muy muy mal y sufre muchísimo y el ver que hay gente que está ahí, aunque solo sea un grupo de WhatsApp, la ayuda es brutal“, comenta Belén.

Para terminar “con algo bonito”, Nerea cuenta que para ella la alopecia es “un filtro de personas”. “Te das cuenta de la gente que de verdad merece la pena y la que no. La gente que merece la pena, si ya te quieren de antes, sacan lo más bonito de ellas para quererte el triple y que te sientas muchísimo mejor. Y eso es lo que a mi me ha pasado con mis amigas”, concluye.

La alopecia femenina existe. Y necesita su propia voz. Hay mujeres que lo llevan mejor y otras, peor. Hay quienes se apoyan en otras que pasan por lo mismo y otras que no. Cada una es diferente, pero todas tienen en común que quieren hablar de sus historias. Porque dando a conocer lo que les sucede pueden ayudar a otras mujeres a sentirse mejor consigo mismas y con sus cuerpos.

El artículo La alopecia femenina también existe: «Espero que la gente deje de preguntarme si tengo cáncer» se publicó en Hipertextual.

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