Hoy hace seis meses que se declaró la pandemia de coronavirus: ¿qué hemos aprendido desde entonces?

El pasado 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud declaró el brote de coronavirus iniciado tres meses atrás en Wuhan como pandemia. Han pasado muchas cosas desde entonces. Los países han ido cayendo como una hilera de fichas de dominó. A medida que unos caían, otros se levantaban, muchos para volver a caer semanas o meses después. Los confinamientos se sucedían, hasta el punto de llegar un momento en que un tercio del planeta tenía a sus habitantes aislados. Las cosas han ido cambiando, algunas para bien, otras para mal. Y mientras, sin parar, científicos de todo el mundo han dado lo mejor de sí mismos para que todos podamos conocer un poco mejor a este virus. Gracias a ellos, tenemos muchos más conocimientos tras estos seis meses de pandemia.

Sabemos mejor cómo actúa y cuáles son las mejores formas de prevenirlo. Incluso tenemos varias vacunas en marcha, algunas en una fase de desarrollo muy avanzada. Sin duda, sigue habiendo muchas sombras, pero al menos hemos ido encontrando un poco de luz en el camino. ¿Pero qué ha cambiado? ¿Qué sabemos y qué no desde la primera vez que escuchamos el nombre de este virus? Este es un pequeño resumen.

Su origen

Apenas unos días después de dar a conocer la existencia de un virus misterioso que causaba neumonías en la ciudad de Wuhan, los científicos chinos ya habían aislado el patógeno y secuenciado su genoma.

Este fue un paso vital, tanto para la búsqueda de vacunas y tratamientos como para el desarrollo de test de diagnóstico muy específicos. Pero, sin duda, también para conocer un poco más sobre el SARS-CoV-2.

En un inicio se apuntó a un mercado de marisco ubicado en la ciudad de Wuhan como origen del brote, posiblemente por el consumo de algún animal infectado. ¿Pero cuál era ese animal? A día de hoy, tras seis meses de pandemia, no se sabe con seguridad. El estudio del ARN viral muestra un parecido suficientemente alto con coronavirus de murciélago como para apuntar a este animal como su reservorio.

Sin embargo, se sospecha que debió haber una especie de transición. Si bien en un momento se apuntó a las serpientes, el candidato más señalado por la mayoría de investigaciones es el pangolín. Sea como sea, no está al cien por cien claro si fue este animal, como tampoco lo está que realmente fuera Wuhan el origen de todo. De hecho, un estudio publicado en Nature en marzo señala que el virus podría haber circulado sin ser detectado mucho antes de llegar a aquel mercado.

Transmisión aérea del coronavirus
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¿Qué sabemos sobre su transmisión tras seis meses de pandemia?

Cuando el SARS-CoV-2 se descubrió, causaba principalmente neumonías. Esto hizo que se concibiera como un virus principalmente respiratorio. Y sí que lo es, aunque los receptores se encuentran en otros muchos órganos humanos, de ahí que genere una cantidad tan variada de síntomas.

De cualquier modo, en un principio se consideró que su transmisión sería generalmente la misma que la de otros coronavirus y virus respiratorios. Directamente, por la inhalación de gotitas emitidas por personas infectadas, o por fómites. Este último es el nombre que se da a las superficies contaminadas. Si una persona sana toca una de ellas y se lleva las manos a la cara, la nariz o los ojos podría infectarse. Y así es, todo eso es cierto, de ahí que el lavado de manos se considerara la primera medida esencial a tener en cuenta.

Sin embargo, hoy sabemos que, aunque puede ocurrir y deben seguir tomándose medidas, el contagio por contacto es más difícil de lo que se pensaba entonces. El propio Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos lo aclaraba en un informe reciente y la viróloga Margarita del Val lo explicaba en una entrevista.

En cambio, el contagio por vía aérea es más fácil de lo que se pensó entonces. El virus viaja principalmente en gotículas, que caen rápidamente al suelo y solo se transmiten a una distancia determinada, en torno a dos metros. Sin embargo, el pasado mes de julio, siguiendo las recomendaciones de científicos de todo el mundo, la OMS admitió que también podría transmitirse por aerosoles, con lo cual viajaría más lejos de esa distancia, especialmente en lugares con poca ventilación.

Factores que aumentan la probabilidad de contagio

Con casi 28 millones de personas infectadas en todo el mundo, hoy en día disponemos de muchos datos sobre los factores que aumentan las posibilidades de contagio.

Por ejemplo, si la ventilación es nula o insuficiente, personas situadas a más de dos metros de distancia pueden contagiar el virus. No hay más que ver el caso publicado recientemente sobre un Starbucks de Corea del Sur, en el que se contagiaron 27 personas en solo dos horas.

También influye notablemente el tiempo de exposición, de ahí que, en España, se rastree a las personas que estuvieron con los contagiaos durante más de 15 minutos.

Finalmente, el volumen con el que se habla es otro factor que puede facilitar el contagio. Por ejemplo, una persona que grita o canta contagiará más que otra habla en voz baja o está en silencio. Este es precisamente el motivo por el que se han dado varios brotes en centros religiosos de todo el mundo.

Sí, las mascarillas funcionan

Si bien en un principio se recomendó el uso de mascarillas solo para sanitarios y personas muy expuestas al virus, tras seis meses de pandemia sabemos que son una herramienta vital para evitar contagios.

Numerosos estudios han demostrado que si en un grupo de personas que interactúan todas llevan correctamente las mascarillas, la posibilidad de que se transmita el virus se reduce notablemente.

Un buen ejemplo de ello es el caso que se publicó este verano de dos peluqueros que, a pesar de haber trabajado con síntomas, no contagiaron a ninguno de sus clientes.

El papel de los asintomáticos tras seis meses de pandemia

La existencia de personas asintomáticas no tardó en descubrirse durante el brote chino con el que comenzó todo. No era algo raro. Al fin y al cabo, son muchas las patologías en las que se conoce la existencia de pacientes que nunca llegan a desarrollar síntomas.

Lo que inicialmente no estaba claro es si eran contagiosos o no. Sin embargo, con el tiempo se ha descubierto que, a pesar de ser menos probable que el contagio desde una persona sintomática, sí que pueden contagiar la enfermedad, de ahí que sea tan importante el rastreo de contactos una vez que se detecta un caso.

niña, mascarilla

¿Y qué pasa con los niños?

El rol de los niños en la transmisión del SARS-CoV-2 ha sido uno de los más estudiados desde el principio.

Tras el miedo inicial a que, al igual que ocurre con otras enfermedades, fueran pacientes de riesgo, se descubrió que, en realidad, el virus les afecta poco. Llegados a esta tranquilizadora conclusión, quedaba comprobar si podían ser grandes transmisores.

Los estudios epidemiológicos realizados en varios de los países más afectados por el coronavirus indican que los niños tienen menos probabilidad de contraer neumonía y que, si lo hacen, la mayoría no llegan a desarrollar formas graves. De hecho, son muy pocos los casos reportados de niños menores de 10 años. En España, por ejemplo, a 21 de mayo solo se habían reportado en este grupo de edad 3 de las 26.000 defunciones notificadas hasta entonces.

También parece ser baja la prevalencia. Esto significaría que no solo no llegan a contraer formas graves de la enfermedad, sino que además su probabilidad de infectarse es menor que las de otras personas con más años. Es cierto que, en España, el confinamiento, mucho más estricto para ellos, podría haber influenciado los datos de seroprevalencia, pero lo cierto es que se ha llegado a la misma conclusión en las investigaciones realizadas en otros países en los que no se procedió de la misma manera.

Finalmente, en cuanto a su capacidad para contagiar, si bien en un principio se sospechó que podían ser grandes propagadores, por ser más difícil que mantengan las distancias, tras seis meses de pandemia se considera que, en realidad, es más probable que sean ellos los contagiados por los adultos y no al revés. Todo esto no son conclusiones definitivas, pero sí a las que se ha llegado a partir de diversos estudios que han servido como apoyo a la decisión de que los pequeños de la casa vuelvan al colegio. Sin duda, las próximas semanas serán decisivas para seguir estudiando la transmisión en estos grupos de la población.

¿Cuánto duran los anticuerpos?

Otro de los temas que más han preocupado a la población mundial desde los inicios de la pandemia es qué ocurriría con las personas que ya pasaron la enfermedad. ¿Generarían anticuerpos? ¿Serían estos duraderos?

En cuanto se empezó a analizar los pacientes que habían superado el virus con éxito se comprobó que sí que generaban anticuerpos. Especialmente si habían pasado la enfermedad de forma sintomática. Sin embargo, no se podía lanzar las campanas al vuelo aún, pues era pronto para saber si serían duraderos. Poco después, se empezó a observar que, efectivamente, los niveles de anticuerpos parecían disminuir con el tiempo.

De hecho, el pasado mes de junio, un equipo de científicos chinos publicó en Nature un estudio en el que se establecía su duración en torno a los 2 meses. Y no tardó en comprobarse que esto era más que probable, pues hace apenas una semana que se dieron a conocer varios casos de reinfecciones en diferentes puntos el mundo. A pesar de todo, en su momento los expertos hicieron un llamamiento a la calma y advirtieron que, al menos por ahora, no es algo frecuente.

Todo esto ha generado cierta preocupación en lo referente a la vacuna, pues significaría que ni siquiera con ella podríamos llegar a una inmunidad duradera. Fuese ese el caso o no, al menos nos daría un tiempo muy valioso para plantar cara al virus. Queda mucho por investigar en este aspecto. Incluso en otros muchos. Llevamos seis meses de pandemia y aún son muchas las incógnitas, pero también las certezas.

Dicen que, para vencer al enemigo, el primer caso es conocerlo. Y si hay algo que está logrando la ciencia durante este loco 2020 es que David conozca cada vez mejor a Goliat. Pero mientras tanto, no podemos flaquear. Debemos seguir usando la mascarilla, evitando aglomeraciones y lavándonos las manos. También debemos huir de los bulos. Volveremos a la verdadera normalidad, eso es seguro, pero aún queda un tiempo. Seis meses después, sabemos bien lo que tenemos que hacer. Si continuamos haciéndolo, finalmente lograremos lanzar con certeza la piedra que tumbará al gigante.

El artículo Hoy hace seis meses que se declaró la pandemia de coronavirus: ¿qué hemos aprendido desde entonces? se publicó en Hipertextual.

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