Estas medidas de prevención para la COVID-19 han sido efectivas en las escuelas de verano, ¿pueden servir para la ‘vuelta al cole’?

A punto de entrar en septiembre, una de las situaciones que más preocupan a los padres en estos momentos es la vuelta al cole. A lo largo de este mes, los alumnos irán volviendo a las aulas después de que a principios de marzo se suspendieran las clases presenciales debido a la pandemia de coronavirus. Todos sabemos cuáles son las medidas de prevención para la COVID-19 que nuestros alumnos deberán cumplir, pero ahora un estudio preliminar realizado en escuelas de verano de Barcelona nos da más pistas sobre su efectividad entre el alumnado.

Mascarillas, grupos burbuja y un lavado de manos muy frecuente parecen ser la clave para la vuelta al cole. Esto es algo que todos tenemos claro, pero la investigación preliminar liderada por la doctora Iolanda Jordan, pedriatra del Hospital de Sant Joan de Deu, parece demostrar su efectividad en escuelas de verano. Aunque hay que esperar a que se publiquen los resultados definiivos. No obstante, este es el mejor momento para aplicarlo durante el curso escolar, porque los alumnos necesitan volver a las clases. “Sabemos todos que los niños tienen que escolarizarse, es imprescindible para ellos y para ello hay que hacer muchas medidas de prevención y estar todos muy sensibilizados”, explica desde el otro lado del teléfono Jordan.

Ambiente “similar” al de los centros educativos

“Se trataba de hacer un estudio en un ambiente que fuera similar a los centros educativos porque estos estaban cerrados. Por eso escogimos las escuelas de verano. Tuvimos una serie de escuelas de verano en las que hacíamos un estudio sistemático”, explica desde el otro lado del teléfono la pediatra. “Y, por otra parte, estábamos en contacto con el Departament de Salut Pública. Para que, si en alguna de las otras escuelas en las que no hacíamos la vigilancia sistemática había algún contagio, pudiéramos hacer el estudio de este caso y de sus contactos”, añade.

El estudio ha consistido en seguir durante todo el mes de julio la situación en 22 escuelas de verano. En total han participado 1.905 alumnos y monitores a los que se les ha recogido muestras una vez a la semana “con la idea de detectar casos de nueva aparición”, cuenta Jordan. Las PCR realizadas para esta investigación encontraron que tan solo 39 personas se contagiaron, de ellos 30 fueron niños y 9 monitores.

En total, estos 30 casos índice, es decir, de nueva aparición, tuvieron contacto con otros 253 niños y niñas. “Y solo 12 de ellos se contagiaron de COVID-19”, explica Jordan. “Esto nos representa un 4,7% de frecuencia de transmisión de la infección en las escuelas de verano. Lo que vimos fue, sobre todo, transmisión de niño a niño. También hubo solo un caso de niño a adulto y algún caso de adulto a niño”, apunta la pediatra.

“El otro número clave en cuanto a la transmisión y con el que ya estamos todos familiarizados, es la tasa R, que resultó ser de 0,3“, comenta la investigadora principal. “Vimos que, en ese mismo momento que analizábamos las escuelas de verano y en esas áreas justas, la población general esta R era de 1,7 o 2”. “Vimos que en las escuelas de verano había una transmisión mucho más baja. Probablemente porque en estas escuelas se tomaron toda una serie de medidas de prevención para la COVID-19 muy exhaustivas”, apunta.

Medidas de prevención en las escuelas de verano

Mascarilla y gel hidroalcohólico
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¿Y cuáles fueron esas medidas de prevención para la COVID-19? “A parte de los grupos burbuja, había un lavado de manos muy frecuente, además de que en todas las escuelas había dispensadores de gel hidroalcohólico. Al ser escuelas de verano, gran parte de las actividades se trabajaban al aire libre o en espacios que estuvieran bien ventilados. Y, por último, en niños más mayores, la utilización de la mascarilla”, indica. La edad a partir de la que se debía usar mascarilla no era uniforme en todas estas escuelas, variaba entre los 10 y los 12 años, ” pero se usaban sobre todo en actividades que se llevaban a cabo dentro de los edificios intentaban que se usara la mascarilla lo máximo posible. Y los monitores también”.

“Probablemente todas estas medidas son por lo que hemos conseguido esta tasa de transmisión tan baja. Tampoco se sabía bien si los niños transmitían o no, ahora sabemos que sí, que son capaces tanto de contagiarse como de contagiar a otros. Pero hemos visto que si se hace bien y con una serie de medidas, la transmisión es baja”.

Además, la edad es un factor independiente a la hora de ser transmisor. Es decir, los investigadores no han encontrado que un grupo de edad contagie más que otro. “Vimos que la transmisión era independiente de la edad, tanto los pequeños de 12 años -pusimos ahí el punto de corte por nuestro sistema escolar, es cuando pasan del colegio al instituto- como los que estaban entre 13 y 17. La transmisión era exactamente la misma, la capacidad era igual y no hemos encontrado diferencias por edad en el estudio”, afirma Jordan.

Lavado de manos frecuente, muy efectivo

Una situación llamó la atención de esta pediatra y su equipo: “Nos llamó mucho la atención que en los grupos en los que más se lavaban las manos, se contagiaban menos“. “El lavado de manos era obligatorio en todos los grupos, pero justamente en aquellos en los que había cinco o más lavados de manos al día, eran los grupos que menos infecciones y menos transmisión tuvieron”, explica.

“Esta medida, que es tan recomendada que ya nos parece hasta absurda o poco efectiva, es al revés. Tiene una efectividad muy elevada y es muy fácil de llevarla a cabo. Pensamos que es una de las medidas de prevención que tienen que estar sí o sí presentes en cualquier escuela”.

“Otro resultado que creemos que es de interés es que en los centros en los que más infecciones y transmisión tuvimos, eran justamente los centros que se encontraban en zonas en las que había más incidencia a nivel de población general”. “Es bastante lógico porque puedes tomar muchas medidas en los centros, pero si en casa el niño se infecta, porque en ese barrio o zona hay una incidencia altísima, el niño a lo mejor no se contagia en la escuela, pero sí en casa”. En definitiva, es muy importante que la incidencia en la población general sea baja, para que estemos “más tranquilos a la hora de abrir las escuelas”, afirma.

Actividades interiores y grupos burbuja

Medidas de prevención covid-19
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Una de las características de las actividades que se hacen en las escuelas de verano es que son al aire libre y que se han hecho en grupos burbuja de diez niños. Está claro que esto no se puede llevar a cabo de igual modo en la vuelta al cole. Pero también que esta se tiene que producir, según apuntan todos los expertos.

“Una cosa que pensamos que quizás, más importante que el número en sí de niños, es el hecho de que grupo funcione, que sea estable, que sean grupos que intenten no mezclarse con otros grupos. Y fundamental que no solo los niños sean de ese grupo sino, también, que el monitor o profesor que esté con ellos en la medida de lo posible”, indica Jordan. “Si se hacen grupos, la trazabilidad de los contactos es más sencilla”. De ahí que sea tan importante que sean estables más que pequeños. De hecho, estos grupos burbuja permitirían cerrar un grupo en particular sin tener que cerrar los centros educativos. Porque está claro que “casos va a haber”, apunta la pediatra.

El otro gran problema son los interiores. De hecho, la pediatra explica que piensan que es un factor que “sí puede influir”. Es decir, es mucho más fácil contagiarse en las aulas de los colegios, que son sitios pequeños y cerrados, que al aire libre. Por esto, el Ministerio de Educación ha señalado la pasada semana la importancia de mantener las aulas lo más ventiladas posibles durante el máximo tiempo. Por ejemplo, teniendo las ventanas abiertas el mayor tiempo posible.

“En los centros va a jugar un papel muy importante la ventilación que se haga de estos espacios. Un espacio más cerrado y en el que no hay ventilación, es un factor importante. Con lo cual es otro punto a tener muy en cuenta”, indica Jordan. Además, sería interesante barajar la posibilidad de dar clases de “educación física en un espacio exterior”. “Sobre todo en zonas donde las climatología es más o menos buena”, añade.

“Pistas” para la vuelta al cole

Lavado muy frecuente de manos, grupos burbuja, uso de mascarillas, ventilación de las aulas… Todo esto podría hacer que, aunque se deban cerrar algunos grupos de alumnos cuando se detecten brotes, los centros escolares puedan seguir funcionando con la mayor seguridad posible.

“Es un estudio que es en escuelas de verano, no es lo mismo que lo que pueda pasar luego en el curso escolar, pero pensamos que da pistas. Sobre todo para abrir las escuelas. Al final hemos visto que las escuelas de verano han funcionado. Al principio pensábamos que igual no teníamos casos o si teníamos, cerraban las escuelas de verano. Pero no ha sido así, las escuelas de verano han funcionado. Eso es esperanzador”

A lo largo del mes de septiembre van a terminar de revisar el estudio, las pruebas serológicas que se han realizado para confirmar los resultados y, después, se enviará a alguna revista científica para su publicación. Aunque el estudio tiene limitaciones, porque no es un centro educativo como tal, al tratarse de un “ambiente escolar”, la pediatra y su equipo piensa que “puede ser de utilidad para dar pistas del funcionamiento de las escuelas” a partir de septiembre, concluye.

Esperemos que con todo esto, los alumnos puedan volver a las clases y recuperar cierta normalidad tras el cierre de los centros el pasado mes de marzo.

El artículo Estas medidas de prevención para la COVID-19 han sido efectivas en las escuelas de verano, ¿pueden servir para la ‘vuelta al cole’? se publicó en Hipertextual.

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