‘Whisker Away’: lo nuevo de Studio Ghibli para Netflix tiene mucho ruido y poca diversión

Whisker Away, lo nuevo del director Junichi Sato (Sailor Moon, SGT Frog) y Tomotaka Shibayama (Grimgar, Your Lie in April), llega a las pantallas de Netflix meses después que las obras de Studio Ghibli se incluyeran en el catálogo del canal y de inmediato.

De modo que la nueva película de animación —que toca varios temas favoritos de la casa japonesa— tiene la complicada labor de competir de manera indirecta con la percepción sobre las emociones y la belleza que hizo famosa a las producciones de Hayao Miyazaki, Isao Takahata, Toshio Suzuki, Yasuyoshi y TokumaTanto. Pero no solo no lo logra, sino que además es un evidente y fallido intento de emular el estilo y el ritmo de las ya clásicas producciones del estudio sin lograrlo.

Como cualquier argumento que utilice el amor, la magia y el misterio que puede unir ambas cosas como narración principal, Whisker Away analiza la premisa de los sentimientos no correspondidos, la ternura del anhelo y esa connotación tan asiática sobre la posibilidad de la emoción como redención, incluso si se trata de una pasión solitaria.

Whisker Away y la ausencia del sentido

Si en Gake no ue no Ponyo (2008) de Hayao Miyazaki, la eventualidad de los sentimientos convertidos en impulso tiene un aire de exquisita ternura, en el guion de Mari Okada (Ano Hana, Mobile Suit Gundam: Iron Blooded Orphans) la posibilidad de lo romántico es cuando menos irritante. Y se debe a la insistencia de la historia por mostrar a Miyo “Muge” Sasaki, su personaje principal, en medio de una obsesión que carece de todo sentido de la belleza e incluso de la sensibilidad aparejada al amor platónico.

La obra de Junichi Sato y Tomotaka Shibayama carece de la sutileza para impregnar de ternura. O, al menos, una versión sutil sobre la necesidad de comprensión e intimidad y terminan por convertir a la figura central de su historia en una criatura molesta e incluso irritante, lo que sin duda es uno de los puntos bajos del largometraje.

Porque Muge no solo ama a su compañero de clase Kento, sino que exige casi de manera insiste su afecto, y es ese pequeño matiz lo que hace que las escenas en las que el personaje reclama la atención del muchacho sean una combinación entre una versión incómoda de la atención idealizada y algo más amargo.

Muge ama a Kento en la misma medida en que asume que el sentimiento le brinda la salvedad de invadir su espacio personal e incluso físico. Y aunque durante las primeras escenas la salvedad pueda resultar humorística, a medida que la trama avanza es inevitable recordar la manera exquisita en que Miyazaki logró plasmar la idea (y en más de una ocasión) de sentimientos complejos en medio de la noción sobre lo inalcanzable.

Al contraste, Whisker Away juega con los elementos conocidos sobre la necesidad del amor y añade el elemento mágico, en medio de una confusión de registros y baches de guion que convierten a la trama en poco menos que confusa y en momentos específicos, en directamente tediosa y desagradable.

Claro está, un protagonista que no sea inmediatamente agradable — o con quien podamos empatizar de inmediato — no es en absoluto un problema para una película animada que tiene la evidente intención de transformar la obsesiva necesidad de afecto de Muge en algo más lírico, amable y entrañable. De hecho, podría decirse que uno de los puntos a favor de la película son las primeras secuencias, en las que el personaje carece de la usual versión romántica sobre personajes torpes y encantadores.

Entre la adolescencia y lo irreal

Muge es en realidad una adolescente como cualquier otra, con todos los pequeños tropiezos y dolores de una edad complicada a los que habría que añadir el abandono emocional, la depresión y el aislamiento que la película esboza con buen pulso y una percepción sobre el sufrimiento joven que logra resultar creíble. En conjunto, el guion logra su único acierto al describir en pequeños trazos el mundo interior y exterior de su personaje, a la vez de dotarlo de una conmovedora capacidad para desconcertar y mostrar algo más complejo que una simple obsesión amorosa.

De hecho, cuando Whisker Away analiza al personaje desde el espectro de sus traumas y utiliza el amor no correspondido cómo autolesión —y hace lo mismo, de hecho, con el aspecto mágico de la historia—, la película es mucho más que la colección de clichés en la que termina convirtiéndose. Sin embargo, el exitoso experimento de discurso no se prolonga lo suficiente como para sostener el argumento. Y cuando el aspecto más humorístico se muestra es evidente que el dúo de directores tiene mucho más interés en hacer reír y en mostrar una historia de amor que justifica los problemas de Muge.

Pero el buen resultado de un punto de vista novedoso sobre el sufrimiento emocional y el dolor desaparece en beneficio de una historia de amor forzada y que el elemento mágico, solo hace más extraña y poco elocuente. Junichi Sato y Tomotaka Shibayama reflexionan sobre las emociones como justificación al comportamiento molesto y desesperado de su personaje, por lo que el romance — que de inmediato se convierte en el centro del argumento — no es otra cosa que una excusa, sin demasiado sentido de su propio peso simbólico, para la manera en que Muge sufre o incluso, reflexiona sobre sus dolores privados.

Un producto para todos los públicos y para ninguno

Lo más preocupante es que en realidad Whisker Away es un argumento dedicado al público infantil, por lo que sin duda la decisión de hacer a Muge más accesible y su historia entrañable se basa en la necesidad de simplificar la narración lo suficiente como para que sea apta para todas las audiencias. Pero quizás por ese motivo hacia el segundo tramo, la película discurre en el peligroso limbo de las películas que no encuentran en realidad, un lugar en el cual definirse.

Sin un trasfondo complejo que pueda cautivar a los adultos y muy lejos de una fantasía adorable que pueda interesar a los más pequeños, la película termina por llegar a un final tibio que convierte a la historia en una considerable decepción.

Lo más lamentable es que no hay sentido del humor, acción o incluso magia, aunque la mirada de la narración intenta abarcar las tres cosas, sin lograrlo. ¿Se trata de falta de ambición? En realidad, tal pareciera que Whisker Away deambula de un lado a otro del espectro de las emociones sin encontrar una que la defina. Rígida, sujeta a una fórmula y al final en exceso dependiente de la capacidad del espectador para perdonar a su personaje central por su comportamiento desagradable, Whisker Away es quizás una inesperada decepción en medio de un Universo que pudo ser más de lo que mostró en sus primeras escenas.

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