Salvador Macip: «Si no se hubiera dejado de investigar el SARS quizás estaríamos más cerca de una vacuna»

Salvador Macip: «Si no se hubiera dejado de investigar el SARS quizás estaríamos más cerca de una vacuna»

Salvador Macip, doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana, reedita su libro Las grandes pandemias modernas (Destino), por lo que en Hipertextual hemos hablado con él sobre la COVID-19 y los retos para las futuras pandemias.

Salvador Macip

Yolanda Porter

Actualmente investiga el cáncer y el envejecimiento en el laboratorio que dirige en el Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de Leicester (Reino Unido) y es profesor e investigador de la Universitat Oberta de Catalunya. De sus más de treinta obras publicadas, entre ellas novelas y libros infantiles, cabe destacar nueve ensayos de divulgación científica, como Inmortales y perfectos, 100 preguntas sobre el cáncer o Jugar a ser Dios.

Salvador Macip (Blanes, 1970) es licenciado en Medicina y Cirugía y doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana por la Universidad de Barcelona, pasó nueve años en el hospital Mount Sinai de Nueva York, donde estudió el funcionamiento del sistema inmune y las infecciones y colaboró con los virólogos que descubrieron las bases genéticas de los virus de las pandemias de gripe de 1918 y 2009. Ahora, con motivo de la pandemia por SARS-CoV-2, reedita su libro, ya publicado en 2009, Las grandes pandemias modernas.

¿Qué sabemos ahora mismo de este enemigo invisible?

Bastante, pero no suficiente. Por la colaboración tan rápida que hubo entre científicos se consiguió analizar los genes y las proteínas que lo forman. Pero no sabemos cómo se comporta, hay muchas incógnitas aunque poco a poco vamos sabiendo más. Por ejemplo, se empezó pensando que era como una gripe y después se vio que no, que este virus va infectando otras partes del cuerpo, sobre todo en los casos más graves. Por ejemplo, llega al cerebro, los riñones, da trombos… Causa toda una serie de problemas que no son los típicos de una enfermedad principalmente respiratoria, como es la gripe.

Todo esto lo vamos aprendiendo semana a semana, mes a menos. Por ejemplo, no entendemos aún el tema de la inmunidad: una vez te has infectado, ¿eres ya resistente al virus? ¿Hay gente que sí y otra que no? Si tienes anticuerpos, ¿cuánto va a durar: meses, semanas, años…?

Todo esto son incógnitas muy importantes, además, para poder planificar las siguientes fases, las de la desescalada, en la que hemos entrado ahora. Si no entendemos bien la inmunidad que genera, es difícil ver cómo salir de casa o cómo funciona la vacuna. Estas incógnitas nos impiden hacer predicciones con confianza, es decir, saber qué va a pasar en dos, tres o seis meses. Es difícil porque aún no conocemos todos los detalles del virus. ¿Terminará convirtiéndose en un virus estacional o se va a quedar solo hasta que venga la vacuna? Todavía no tenemos respuestas a todas estas incógnitas, que son esenciales para la salud pública y entender cómo reaccionar ante la pandemia.

¿Cuáles serían las mejores estrategias para frenar la expansión del virus?

Una cosa que creo que no hemos tenido en cuenta y que teníamos que haber explicado más claro desde el principio es que cuando aparece una nueva pandemia por un nuevo virus, obviamente no tenemos una vacuna y va a tardar unos meses en llegar. En la mayoría de los casos tampoco tenemos fármacos. Contra las bacterias tenemos antibióticos, pero contra los virus los antivirales normalmente no son tan efectivos. Tenemos menos y son menos efectivos, por lo que es muy probable, como en este caso, que no tengamos un antiviral que funciones. Y ese es el motivo por el que van a pasar meses antes de que tengamos estas armas.

La tercera arma es el aislamiento, es cortar el contagio de alguna manera. Aquí es cuando toda la población tiene una posibilidad de contribuir a frenar este inicio de la curva de contagios que, si es muy abrupto, como está pasando en algunos países, puede saturar el sistema sanitario y puede dar muchos problemas. Es importante que tengamos todos presente que, por desgracia, el aislamiento y el confinamiento son las únicas armas que tenemos al principio de una pandemia. Obviamente esto implica paralizar un país y esto tiene sus consecuencias económicas y sociales, que a medio y largo plazo son terribles. Pero es el único recurso que tenemos para evitar un número de muertos muy elevados.

A la vez que se intenta frenar esta mortalidad, hay que pensar cómo recuperaremos el país económicamente. Pero son dos temas diferentes que creo que se tienen que considerar por separado y simultáneamente.

El coronavirus es muy contagioso, pero su letalidad es baja, ¿no?

Suele ser así. La mayoría de los virus que conocemos son así: cuanto más se contagian, menos letales son y cuanto más letales son, menos se contagian. Por suerte es así porque si tuviéramos uno que se contagia mucho y fuera muy letal, habría un riesgo de tener un problema importante. Por suerte, una cosa cancela a la otra.

Un virus que da síntomas muy rápidamente, puedes saber en seguida quién está enfermo y aislarlo. Esta es la manera general en la que se producen los contagios. En cambio, un virus como este, que empieza con un cuadro menos agresivo, y que incluso hay días en los que estás contagiando, pero no tienes síntomas, al final infecta más, pero porque es menos agresivo.

El riesgo más grande que creo que tenemos es que aparezca un virus que tenga un poco de cada, que infecte menos que el coronavirus, pero más que el ébola, por ejemplo; y con una mortalidad inferior a la del ébola, que mata alrededor del 70 u 80% de los pacientes. Algo que se quede a medio camino sería muy grave. Cuando todo esto acabe y hagamos bien el recuento, la mortalidad estará en torno al 1%, pero un virus con una mortalidad del 10 o 15% multiplicaría el número de muertos. Y este es el gran riesgo para el cual creo que nos tenemos que preparar.

Hubiera estado bien que nos hubiéramos preparado para esta crisis, pero aún mejor si podemos prepararnos para la siguiente. Hasta cierto punto, esta no es la peor situación que nos podríamos haber imaginado, por lo que nos da un margen de actuación. Pero hay que prepararse para lo peor y esperar que no pase.

En el libro comentas que la primera gran pandemia de este siglo es la de la Gripe A, pero no va a ser la última. ¿Tenemos que investigar más? ¿Podemos hacer las cosas mejor?

Creo que no éramos conscientes es que siempre ha habido pandemias y siempre las habrá. En los últimos años, los expertos han dicho en muchas ocasiones que debemos prepararnos para las pandemias, porque ahora vivimos en unas condiciones diferentes, en un entorno distinto. Un brote de una enfermedad infecciosa en el siglo XIX o XX se podía controlar, pero en el siglo XXI, que nos estamos moviendo de un lado para otro constantemente y de forma masiva, hay mucho más riesgo de que se convierta en pandemia. Así que el riesgo de pandemia era más elevado que en otros momentos de la historia.

La gripe del 2009 creo que fue un aviso. Era un virus que parecía que podía ser tan agresivo como el que tenemos ahora, pero se quedó en menos, se quedó en una gripe que se controló bastante rápido y no hubo que aplicar ninguna medida tan drástica como las que hemos aplicado ahora. Pero sí que se perdió la oportunidad de prepararnos para la siguiente, la que estamos viviendo ahora. Y ahora lo que tenemos que hacer es prepararnos para la próxima, porque seguirá habiendo.

El gran problema de las pandemias es no poder predecir cuándo será la siguiente: ¿en 5, 10, 30 años? Esto hace muy difícil convencer a los políticos para que se preparen. La OMS, por ejemplo, lleva años y años pidiendo a la comunidad internacional para que se preparen para una posible pandemia que podía ser de un virus desconocido y aquí tenemos un ejemplo de cómo podría ser. Pero podría ser incluso peor.

Hasta la llegada del SARS-CoV-2, ¿qué virus sospechabais que pudiera producir una nueva pandemia?

La mayoría de científicos siempre ha pensado que el virus que causaría la próxima pandemia sería el de la gripe. Esto es porque está constantemente variando y algunas de sus formas son muy agresivas, como por ejemplo la famosa Gripe Española de 1918. Es un virus que podría dar muchos problemas.

Los coronavirus eran una familia bastante de segunda hasta que en 2002 empezó la epidemia del SARS. Ahí se vio que la familia del coronavirus, que da resfriados y nada más, podía dar cuadros respiratorios graves. Después vino el MERS y esta es la tercera gran enfermedad causada por coronavirus. En los últimos diez años los coronavirus han entrado en juego, están en el mapa. Los expertos empezaban ya a avisar de que los coronavirus podrían ser una familia de riesgo para hacer pandemias.

Pero puede ser cualquier virus. El próximo puede ser de gripe, otro coronavirus o algo totalmente nuevo. Por eso es muy difícil planificar para la próxima pandemia si ni siquiera sabemos qué virus la va a causar.

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Hemos visto ya el SARS y el MERS, pero ¿por qué se dejó de investigar los coronavirus?

Hubo una respuesta muy parecida a la actual cuando apareció el SARS: todos los científicos invirtieron tiempo y recursos porque se temía que se convirtiera en pandemia. Como no pasó porque se pudo controlar, sobre todo porque en China cerraron todo, igual que se ha hecho ahora cerraron el país durante unos meses. Por eso se quedó en una epidemia localizada. Cuando esto pasó, se empezó a dejar de invertir en investigación y esto fue un problema porque toda la gente que estaba trabajando en SARS iban dejando de recibir recursos para seguir investigando.

Creo que se perdió un tiempo precioso porque el SARS lo causa un virus muy parecido al de la COVID-19. Si hubiéramos hecho más investigación en cuanto a vacunas o tratamientos, ahora sabríamos más y habríamos ganado más tiempo. Es un buen ejemplo de la importancia de la ciencia. Nos acordamos de la ciencia cuando es tarde. Ahora estamos todos los científicos y expertos todo el rato hablando en los medios. Y eso está muy bien, pero la ciencia es un proceso lento y caro, necesitas tiempo. No puedes tener una vacuna para mañana, es mucho más lento.

Creo que es importante transmitir a los políticios, y a la ciudadanía en general, que la inversión en ciencia es importante para estar preparados para pandemias o cualquier tipo de crisis sanitaria que pueda llegar en el futuro.

¿Los recortes en investigación que se han hecho en España han afectado a los estudios sobre el coronavirus

En España había un par de proyectos de coronavirus que se dejaron de financiar porque no eran prioritarios. Incluso en España se podría haber hecho mucho mejor.

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