Las reglas no escritas de por qué la superluna de hoy es falsa

Las reglas no escritas de por qué la superluna de hoy es falsa

Aunque no hay normas definidas, se considera superluna cuando no hay más de 24 horas entre el perigeo y la luna llena, y en esta ocasión ha habido casi 32 horas.

El confinamiento nos está dejando sin poder ver algunos de los eventos astronómicos de los últimos meses. Sin embargo, para la superluna de esta noche basta con tener un balcón o una terraza desde la que observar el cielo. Sin duda, mirar a nuestro satélite es una buena idea siempre, tanto si está lleno como si se encuentra en cualquiera de sus fases. No obstante, si llamamos a las cosas por su nombre y tenemos en cuenta las “reglas no escritas” sobre este tipo de fenómenos, podemos decir que lo de hoy es más bien una “falsa superluna”.

Es un tema complicado, por el simple hecho de que no hay una normativa clara con respecto a su nomenclatura. Por eso, cada vez se estira más el chicle, hasta el punto de que casi cualquier Luna empieza a ser considerada como tal. Y claro, si el objetivo era señalar unas pocas noches especiales en el calendario, llegaremos a un momento en el que lo especial será precisamente que no haya superluna.

Superluna y perigeo

“Decimos que hay superluna cuando hay luna llena en un instante no muy alejado del perigeo”. Lo ha explicado a Hipertextual David Galadí, doctor en astrofísica y astrónomo residente en el Observatorio de Calar Alto. “La clave está en ese no muy alejado”, continúa. “¿Cuánto debe estarlo para que valga la pena hablar de superluna? No hay norma, y como no la hay, cualquiera puede poner la que quiera”.

Un gran número de medios de comunicación, nacionales e internacionales, e incluso la propia NASA, han señalado a que la Luna llena de esta noche será la última superluna de este anómalo 2020.

Viene bien añadir un poco de “magia selenita” a un momento como el que estamos viviendo. Sin embargo, si tenemos en cuenta las “reglas no escritas” al respecto, la de hoy sería una luna llena más. “Si se da un margen de un día por delante y otro por detrás, que ya es generoso, tenemos una separación máxima entre perigeo y plenilunio de 24 horas”, aclara Galadí. “Según ese margen razonable este año habríamos tenido dos superlunas, una en marzo y otra en abril”.

Lo que dicen las cifras

El perigeo es el punto de la órbita elíptica que recorre un cuerpo alrededor de la Tierra, en el cual se halla más cerca de su centro. En el caso de la Luna, en el mes de mayo alcanzó ese punto la pasada madrugada del 6 de mayo, a las 03:05 UTC (05:05, hora peninsular española). En cambio, la Luna llena ha sucedido hoy, a las 10:46 UTC (12:46, hora peninsular española). Por lo tanto, la diferencia es de casi 32 horas, mucho más de las 24 que ya de por sí podían considerarse generosas.

Si tenemos en cuenta la Luna llena de marzo y la de abril, vemos que tuvieron con el perigeo una diferencia de 12 horas y 45 minutos y 8 horas y 26 minutos respectivamente. En ambos casos sí que se podría considerar una buena superluna. En cambio, si retrocedemos hasta febrero, la diferencia es de casi 37 horas. “Si valen 32 horas, ¿por qué no 37”, se pregunta el astrónomo consultado por este medio. “Si vale como superluna lo de este mes, cualquiera podría defender que también valió la de febrero. Pero si seguimos ampliando el margen, al final lo de la superluna deja de ser un evento especial y como nos descuidemos tendremos una cada mes”.

El eterno conflicto científico de la superluna

¿Qué es una superluna? La Luna no cambia de tamaño, ni mucho menos de color. No hay lunas verdes, azules o rosas. Sin embargo, parece como si cada Luna llena tuviera un nombre diferente. No solo las hay de colores, también está la luna de flores, la del lobo y otras muchas más.

La mayoría de estas calificaciones responden a leyendas y tradiciones antiguas. La del lobo, por ejemplo, recibe su nombre de los antiguos nativos americanos, que observaban cómo la primera Luna llena del año solía coincidir con los aullidos de los lobos que buscaban comida y cobijo desesperados por las inclementes temperaturas del invierno.

En cuanto a la superluna, aparentemente puede parecernos más grande, precisamente por la cercanía del perigeo. No obstante, no es más que un efecto visual, de ahí que muchos científicos se opongan a esta nomenclatura. “Yo no estoy en ese grupo crítico”, cuenta Galadí. “Ahora bien, una cosa es no tener nada en contra de las superlunas, y otra que haya barra libre. Al anuncio de este mes se le puede criticar que han tomado un margen tan amplio entre perigeo y plenilunio que así nos saldrían hasta cuatro o cinco superlunas al año”.

Si sumamos a esto que solo hay unas doce o trece lunas llenas al año, el concepto “pierde excepcionalidad y se vuelve inútil”. Por lo tanto, como cada noche, hoy puede ser un buen día para salir a mirar la Luna. Además, el cambio súbito que hemos experimentado en las temperaturas en apenas unas semanas puede hacer más agradable pasar un rato en la terraza observándola. Sin embargo, deberemos tener en cuenta que, si somos consecuentes con lo que siempre se ha dicho, no estaremos observando una superluna. Estaremos mirando hacia el único satélite de nuestro planeta, un objeto situado a más de 384.000 kilómetros de nosotros, con una cara de la que apenas conocemos nada, pero en la que ya se ha conseguido hacer germinar una semilla de algodón. Le demos el nombre que le demos, estaremos observando algo muy especial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *